sábado, 31 de julio de 2010

CAPITULO 3: INSTRUYE AL NIÑO EN SU CAMINO, Y AUN CUANDO FUERE VIEJO NO SE APARTARÁ DE ÉL

El viejo y querido teatro de Pedro de Valdivia fue una de las entretenciones favoritas de muchos de los niños de esa época. Si exhibían una película de pistoleros, todos jugábamos en los recreos a los pistoleros; lo mismo si eran películas de piratas, romanos, etc.
Era notable la carga de imaginación que teníamos en esos años, uno podía ser lo que quisiera en el mundo de la fantasía imaginativa. En esa época tan linda, era realmente molesto para mí dejar de jugar para acompañar a mi padre a la iglesia. En un principio íbamos con la típica pinta de los Testigos de Jehová, vendiendo Atalayas casa a casa. Mi viejo me decía "Cada vez que hablamos de Jehová, estamos construyendo una casa en el mundo venidero"
De esa época recuerdo la sólida doctrina antitrinitaria que ellos enseñan. Doctrina que más adelante tuve que confrontar cuando tomé mi propia decisión religiosa.
En las reuniones del "Salón del Reino"que estaba muy cerca de mi casa, cantábamos un himno que todavía recuerdo con cariño, decía parte de su poesía: "Dichoso el pueblo que es de Jehová; Dichoso es aquel que vive en JAH; extendiendo el reino y andando en bondad, todos sus devotos su loor cantad." Aprendí que a Dios se le puede cantar.
Mi madre me enseño, cuando era muy niño una fe insipiente en las "divinidades" Cada vez que me daba un "Aliviol o un Mejoral" me decía: "En el nombre de diosito y la virgencita que te haga bien" Eso me hacía tener fe, pero no tenía idea de quienes eran ellos. Con los Testigos de Jehová tuve mis primeras nociones de doctrina religiosa. Dios tenía un nombre, la verdadera historia de la virgen estaba en la Biblia, y Dios era el creador de todo.
Pero a pesar de todo, lo único que deseaba era jugar, y cada vez que podía, salía furtivamente del Salón del Reino para ir a jugar con mis amigos una buena pichanga de fútbol.
Un día casi sin darnos cuenta, mi papá se hizo "canuto" Mis hermanos mayores no aceptaron ese cambio,y cada uno de ellos siguió su propio camino religioso. Pero mi hermano Domingo y yo, los hijos menores, fuimos "cordialmente obligados" a militar en esta nueva iglesia.
Era una verdadera tortura atravesar el pueblo vestido como canuto y con una Biblia bajo el brazo. Recuerdo que trataba de esconderla debajo de mi vestón. Para colmo teníamos que atravesar la plaza para llegar al Templo. Siempre me topaba con algunos compañeros de curso, los que se reían y se burlaban gritando "¡Canuto, canuto! Entre más grande, más bruto" Para un niño evangélico, era una verdadera tortura no ser Católico Apostólico Romano.
Pero no todo era malo en la nueva iglesia. Habían muchos niños y niñas, y las enseñanzas se hacían clasificadas para distintas edades. Me tocó participar con los alumnos de 9 a 11 años. la maestra era una señora bajita, llamada Mirna Veliz. Con los años esta dama fue una de mis mejores amigos.
En la Escuela Dominical de la Iglesia Bautista de Pedro de Valdivia, aprendí a memorizar textos de la Biblia, que sin pretenderlo fueron como un faro que me ayudaron a salir de las tormentas
de la vida.
De esos días también recuerdo a mi padre escribir en los dinteles de las puertas de nuestra casa la declaración "Dios es Amor" Pero había un cuadro con una figura de gavilla que jamás he olvidado, este decía: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará"
Esa verdad aprendida desde niño, me hizo pensar más de una vez cuando tenía que hacer algo o tomar decisiones. Esta herencia recibida en aquellos años, puso una base de principios y valores que hasta el día de hoy me sostienen.